jueves, 9 de julio de 2015

El lenguaje visual y la composición en fotografía II


Después de una semana -en la que espero hayas disfrutado de hermosos atardeceres- continuaremos repasando algunos temas sobre lenguaje visual y composición en fotografía. En el anterior artículo comentaba que, para componer una escena, debíamos buscar la manera de transmitir lo que queríamos o sentíamos a través de una imagen; esto no significa que tengas que ponerte a meditar sobre el sentido de la vida (o la inmortalidad del cangrejo) cada vez que vayas a apretar un botón, pero sí me parece importante que, cada vez que puedas, des a la escena unos instantes, los suficientes para dialogar con ella y sentir algo dentro de ti.

Además de captar diferentes sensaciones, el hecho de contemplar una escena antes de fotografiarla te hará verla con otros ojos, identificar lo que realmente te ha parecido interesante y buscar la mejor manera de expresar esa imagen. ¿Qué es lo que más me gusta de lo que veo? ¿Qué parte de lo que lo rodea me ayuda a trasmitir lo que quiero? Respondiendo a estas simples preguntas puedo decidir, por ejemplo, qué distancia focal utilizar (cuánto acercar o alejar el zoom) y a qué distancia ponerme de la escena.


A partir de ahí, deberías buscar el mejor punto de vista, y eso tiene que ver con encontrar una posición respecto a la imagen que saque lo mejor de ella, pero que también trasmita lo que quieras. ¡Muévete!, pero siempre mirando la escena; cualquier pequeño desplazamiento puede cambiar totalmente el significado de una imagen, no temas agacharte e incluso tumbarte en el suelo o subirte a cualquier elemento que tengas disponible (con precaución, claro está), tampoco temas a mirar a través de otros objetos para buscar el encuadre que más te guste.


La semana pasada decía que, para poder transmitir lo que deseas, debes conocer cómo funcionan los mecanismos de percepción del ser humano. Por ejemplo, si en una situación dada quieres mostrar inferioridad, vulnerabilidad o debilidad del sujeto principal prueba a capturarlo desde arriba, es lo que se llama ángulo picado o toma alta.


Ten en cuenta que este tipo de imagen también es utilizado cuando se toman grandes grupos de gente o paisajes muy amplios, ya que permite contemplar grandes espacios y las imágenes se ven muy impactantes (en este caso pierden esa sensación de vulnerabilidad).


Por otro lado, si quieres dotar de importancia al sujeto principal o quieres transmitir una sensación de que es algo dominante o majestuoso, puedes probar a colocar la cámara más baja que éste, es lo que se llama toma baja o contrapicado. A mí me funciona muy bien cuando quiero mostrar la grandeza de un edificio, una escultura e incluso un enorme árbol que, debido a su tamaño, no logro incluirlo en la escena. Con la perspectiva que se crea, el objeto se agranda visualmente y trasmite con fuerza esa sensación de poder. Me parece la mejor manera de mostrar su majestuosidad, como en el caso de esta imagen, en la que el árbol es casi infinito ya que sus ramas se mezclan con el sol.


Busca distintos puntos de vista para dar tu toque personal a una escena; ten en cuenta que la mayoría de las imágenes las tomamos a nivel del ojo y funciona bien para trasmitir una sensación de estabilidad o tranquilidad o dar un aspecto natural, esto es lo que llamamos ángulo normal o toma a nivel.


Por último, también puedes probar la toma a ras del suelo, que consiste en capturar al sujeto desde el suelo; con este tipo de imágenes puedes conseguir un efecto impactante, al mostrar un ángulo poco frecuente e inusual. Toma en cuenta que son pocas las veces que nos tumbamos para observar las cosas y es por eso que este tipo de imágenes sorprende al espectador.


No olvides mirar a través del visor (o la pantalla) y contemplar todo el encuadre que aparece en él. Uno de los errores más comunes a la hora de componer es que la gente suele preocuparse del centro de interés y se olvida del resto de la imagen; fíjate en la cantidad de fotos en las que el sujeto principal está en el centro y le sobra espacio por arriba y por los lados y le falta espacio por abajo (muy normal en retratos), por no tener en cuenta todo el encuadre. Observa todo lo que rodea al sujeto y decide qué parte de ese todo debe acompañarlo.


Si practicas lo descrito en el día de hoy, reforzarás la manera de dialogar con una escena, identificarás el centro de interés de la imagen, buscarás el punto de vista que te ayude a expresar lo que quieres y precisarás los límites de la fotografía decidiendo lo que quieres que aparezca o no en ella.

Recuerda que, para poder hacer buenas fotos, no hace falta una súper cámara, sino muchas ganas de querer aprender y también mucha práctica. Esta es la gran clave, no hay otra y, aunque al principio pueda resultar algo lento, con el tiempo el proceso será cada vez más ágil. En mi caso, cuando voy a realizar fotografías de paisajes, todavía repaso cada cosa de las que te estoy contando, son escenas en las que puedes tomarte mucho tiempo, con las que puedes dialogar y jugar; realmente disfruto mucho con ello. En cambio, cuando voy por la ciudad, y en especial cuando salgo a hacer "fotoperiodismo", voy a toda prisa capturando, capturando y capturando, ya que no hay tiempo para esa interacción pero, cuando miro las imágenes en el ordenador, veo que todo lo aprendido está ahí, porque ya forma parte de mi manera de mirar.

Practica, practica y practica, aunque parezca una tontería, compón siempre, incluso con un teléfono. Muestra tu trabajo sin vergúenza y aprende de la crítica constructiva :)

Y no olvides dejar tus comentarios sobre este tema al acabar de leer el artículo, o preguntar cosas que no has entendido, o dejar enlaces a imágenes en las que has puesto en práctica lo que vamos viendo. Dentro de una semana hablaremos más sobre estos temas y de cómo influye la luz, la tan poderosa luz, en el lenguaje visual y la composición de la fotografía.

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