jueves, 16 de julio de 2015

El lenguaje visual y la composición en fotografía III


Como comenté la semana pasada, en este nuevo artículo hablaremos sobre la luz; creo que sobra explicar el significado de la luz en la fotografía -todos sabemos que sin ella ésta no sería posible-, pero si es interesante recordar su enorme utilidad tanto para capturar una imagen como para aprovecharla al componer. Y, al igual que debes tomarte un tiempo para dialogar con la escena y encontrar lo mejor de ella, también debes tomarte tiempo para estudiar la luz de la que dispones en ese momento e intentar sacarle el mejor partido.

Para poder ver lo comentado en este artículo tan sólo hace falta que te detengas en cualquier momento del día y que observes la luz, cómo afecta ésta a una imagen dada y la influencia que tiene sobre el/los sujetos principales de la misma. Podrás darte cuenta de que, aparte de iluminar lo que quieres capturar, puedes aprovechar la luz para ambientar, para atraer la atención hacia alguna parte de la escena o modificar las formas.



Por ejemplo, en un día despejado, la calidad de la luz es muy dura y las sombras que produce son muy oscuras y con bordes muy definidos. Para comprobarlo ni siquiera hace falta que salgas a la calle, tan sólo abre las cortinas de una habitación permitiendo que el sol entre por la ventana y observa cómo se ven los objetos a los que alcanza esa luz. Una luz dura da imágenes con mucho contraste en las que es muy complicado sacar buenos resultados por las grandes diferencias que encontrarás entre la zona de luz y la de sombra. Pero, por otro lado, puede servirte para saturar los colores y aumentar las texturas.



En el otro extremo, cuando te enfrentas a un día con niebla o con un cielo cubierto, verás que la luz natural se difumina volviéndose mucho más suave, con sombras poco definidas que casi no se perciben en la escena. Volviendo al ejemplo anterior, si cierras las cortinas de la habitación verás que, aunque siga entrando el sol, no afecta de igual manera a los objetos. Si bien disminuye la visibilidad y las cosas se ven más planas, al reducirse visiblemente el contraste y por tanto la textura, la cantidad de tonos que puedes conseguir es mucho más amplia.
 


Aparte de las condiciones climatológicas, la hora en que salgas a tomar fotos también afecta de manera determinante en la dirección y la calidad de la luz. La luz del mediodía es dura, intensa y elimina las sombras afectando negativamente a la percepción del volumen de los objetos, es por eso que es la menos recomendada para fotografiar. Salvo, claro está, que el día esté nublado o te adentres en un espeso bosque donde la luz llegue más atenuada debido a los propios árboles circundantes.


En el amanecer y las primeras horas de la mañana las escenas son iluminadas con tonos frescos apastelados y se difuminan los detalles lejanos debido a la propia cualidad de la luz. La luz del atardecer ilumina lateralmente con tonos dorados y cálidos, dando sombras tenues y sutiles que resaltan la textura y el volumen de los objetos.


En estas horas del día podrás apreciar dos momentos muy marcados: la hora dorada, que es cuando atardece o amanece y en la que puedes capturar unos hermosos tonos cálidos. Y la hora azul, que es justo el momento antes de que salga el sol (en el amanecer) o después de que se esconda (en el atardecer). Maravilloso momento éste que hay que saber aprovechar ya que sólo dura unos instantes, la fuente principal de luz desaparece, por lo que debes apurarte para captar los restos de luz que iluminan la escena de una manera suave y envolvente con tonos que se van volviendo cada vez más fríos. En el caso del amanecer se produce el proceso contrario.


Por la noche también puedes aprovecharte de la luz, en especial de la luz artificial que te ofrecen las ciudades o la luz de la luna o una mezcla de ambas como en el caso de esta imagen.



La dirección de la luz es otro punto importante que debes analizar, ya que con ella puedes sacar mucho provecho a la hora de componer. Una de las mejores, sin duda, es la luz lateral, que, como mencionaba más arriba, resalta la textura y el volumen de los objetos.


Por el contrario, si la luz es frontal a la escena (tras la cámara), el detalle, la textura y la profundidad del sujeto se reduce. Por esto te recomiendo que, siempre que puedas, dejes la fuente de luz detrás de ti, pero a la izquierda o la derecha, verás que tu imagen gana mucho más.


Al tener la fuente de luz frente a ti, puedes aprovechar para jugar con ella en la composición metiéndola directamente en la escena como objeto principal (como en el caso de la fotografía que aparece al principio del artículo) o aprovechar los juegos de luz y sombra que produce, como en el caso de la segunda imagen o de ésta que te dejo aquí.


Tampoco te debes olvidar de los contraluces, ya que son un excelente recurso para producir un contraste extremo, reducir los detalles y simplificar los volúmenes...



¿Se te ocurren otros ejemplos para jugar con la luz en fotografía?, ¿cómo la aprovechas tú en tus imágenes?

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